"...La luna se asomó apenas para renovar, si acaso,
un promesa disfrazada de flor. Pero, celosa como es, la lluvia la trajo detrás
de nubes y humedades. Era esa una madrugada como para que la soledad doliera.
El narrador está solo, así que se siente con derecho a dejar de narrar lo que
ocurre o le dictan, y se decide a sacar, con un agudo sacacorchos de letras,
una pena que le nubla mirada y paso. Habla el narrador. No, más bien susurra:
¡Qué ganas de tener al aire como patria y
el mañana como bandera! ¡Cuánta gente y cuántos colores! ¡Cuántas palabras para
nombrar la esperanza!
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Comandante Abel |
¿Será éste el momento para nombrar a la muerte?
Porque hubo quién se murió de muerte luchadora para que yo pudiera pensar en
la tanta gente, en los tantos colores, en las tantas esperanzas.
¿Es éste el lugar para nombrar a nuestros
muertos? ¿No?
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Compañero Dionisio |
¿Quién les dirá, entonces, que hubo sangre
viva que se murió soñando que un día acá pudieran llegarse algunos de los mejores
hombres y mujeres que este siglo ha parido? ¿Quién les pedirá un recuerdito
a todas estas gentes, un "no me olvides" para los zapatistas caídos en combate
por la humanidad y contra el neoliberalismo? ¿Dónde están las sillas para que
se sienten ellos, nuestros muertos, con nosotros? La ponencia de su sangre en
las calles y en las montañas, ¿en qué mesa de trabajo se inscribe? ¿Quién es
el moderador en los silencios de esas muertes? ¿Cómo se cotiza la sangre de
estos muertos que nos dieron voz, rostro, nombre y mañana?
¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar de nuestros muertos
en esta fiesta? Después de todo, ellos la hicieron posible. Se puede decir que
estamos porque no están ellos. ¿Se puede?
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Comandante Moises |
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Yo tengo un hermano muerto. ¿Hay alguien que
no tenga un hermano muerto? Yo tengo un hermano muerto. Lo mató un bala en la
cabeza. Fue en la madrugada del 1° de enero de 1994. Muy madrugadora salió esa
bala. Muy madrugadora la muerte que besó la frente de mi hermano. Mucho reía
mi hermano y ya no ríe. No pude guardar a mi hermano en el bolsillo, pero guardé
la bala que lo mató. Otra madrugada le pregunté a la bala de dónde venía. Ella
respondió: del fusil del soldado del gobierno del poderoso que sirve a otro
poderoso que sirve a otro poderoso que sirve a otro en todo el mundo. No tiene
una patria la bala que mató a mi hermano.
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D.Juan Chavez CNI |
Tampoco tiene una patria la lucha que hay
que hacer para guardar hermanos y no balas en los bolsillos.
Por eso los zapatistas
tienen muchas y grandes bolsas en su uniforme. No para guardar balas. Para guardar
hermanos. Para eso deben ser todas las bolsas..."
De "Ponencia a 7 voces 7"
S.C.I. Marcos
Julio 1996
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